El precio psicológico de esta crisis; Depresión, irritabilidad, insomnio, estrés, confusión y enojo.
La batalla para detener la pandemia librada con distanciamiento social y aislamiento forzado, está cobrando un precio psicológico.
La pandemia no solo ha amenazado la salud física de millones, sino que también ha causado estragos en el bienestar emocional y mental de las personas en todo el mundo. Los sentimientos de ansiedad, impotencia y dolor están aumentando a medida que las personas se enfrentan a un futuro cada vez más incierto, y casi todos han sido afectados por la pérdida.
La pandemia ha sumido al mundo en la incertidumbre y las constantes noticias sobre la pandemia pueden parecer implacables. Todo esto está afectando la salud mental de las personas, independientemente de si tienen una enfermedad mental diagnosticada.
Sin embargo, una revisión reciente de la revista médica de estudios The Lancet sobre el impacto psicológico durante los brotes de SARS y Ébola mostró que la cuarentena puede desencadenar problemas como trastornos emocionales, depresión, irritabilidad, insomnio, síntomas de estrés postraumático, confusión y enojo. Algunos de los estudios sugirieron efectos duraderos.
“A veces la analogía se hace con la guerra. La diferencia con el tiempo de guerra es que las personas aún pueden reunirse como comunidades y establecer vínculos”, dijo Dougal Sutherland, psicólogo clínico de la Universidad Victoria de Wellington, Nueva Zelanda, que el 25 de marzo comenzó cuatro semanas de autoaislamiento nacional.
La pandemia ha transformado todo lo que creíamos saber sobre nuestra vida cotidiana y nuestra salud en una especie de mundo extraño donde las citas por FaceTime y las compras fundadas en el pánico son la nueva norma. Las encuestas muestran que las personas sienten que su salud mental está empeorando y los gobiernos y las organizaciones benéficas están inventando nuevas formas de tratar de limitar el daño psicológico.
Aun así, para Agustina Fernández, psicoanalista, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina, permanecer en la casa obligados por la cuarentena no es vivido por todos del misma modo. “Las características de personalidad de cada uno influyen en la forma de sobrellevarla, incluso de sufrirla. Hay para quienes la amenaza del virus les activa rasgos persecutorios propios y los lleva a extremar medidas de seguridad que se transforman en grandes rituales obsesivos cotidianos. Otros, con rasgos más fóbicos se sienten más cómodos y seguros permaneciendo en casa, sin verse obligados a interactuar demasiado, llevan mejor el poco contacto. Y aquellos que llevan un mundo social intenso, disfrutan de salidas y encuentros con otros, padecen esa limitación con mayor intensidad”, dijo en diálogo con Infobae.
Para algunas de las millones de personas con trastorno de estrés postraumático, trastorno obsesivo compulsivo u otras formas de ansiedad, La pandemia s es una amenaza creciente para la salud mental. La hipocondría o trastorno de ansiedad por enfermedad es una afección psiquiátrica en la que una persona tiene ansiedad extrema de tener o desarrollar una enfermedad. Su ansiedad puede aumentar hasta el punto de que afecta la vida y las relaciones cotidianas.
“Las personas afecciones de ansiedad social previas sufren menos porque no están expuestas al intercambio social, y eso las alivia pero sufren por otros motivos: la incertidumbre y el miedo a enfermarse y/o a morir”, aseveró Elsa Wolfberg, psicoanalista y psiquiatra de la APA.
Los hipocondríacos generalmente tienen una de dos reacciones instintivas: bloquear completamente el pensamiento, lo que refuerza su severidad imaginada, u obsesionarse con el miedo y comenzar a investigar el virus y todos sus síntomas.
Otra compulsión muy frecuente es la búsqueda de tranquilidad. Escuchar las noticias y hablar con todos. Sin embargo, cualquier alivio es muy breve porque incluso si se tranquilizan, es solo hasta que hacen la siguiente pregunta, “¿Pero qué pasa si?”.
Una persona con ansiedad por la salud percibirá las pautas de los expertos de la salud como insuficientes. Y en vez de lavarse las manos durante 20 segundos, quizás lo hagan durante un minuto. Tal vez usen desinfectante para manos justo después de enjuagarse. Se trata de una pendiente resbaladiza que conduce a una serie interminable de compulsiones y simplemente mantendrá la ansiedad.
“Psicológicamente, este es nuestro 11 de septiembre”, dijo Emilio Del Bono, alcalde de Brescia, una ciudad del norte de Italia en el corazón del brote de Europa. “En nuestros recuerdos individuales y colectivos, esta enfermedad nos ha alejado de nuestros seres queridos y ha marcado profundamente nuestra psique”. Del Bono dijo que el número de víctimas psicológicas en la población de la ciudad ha sido casi tan malo como la gran cantidad de muertes, que supera las 1000, incluido él mismo.
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Más allá del estrés agudo y la ansiedad, los psicólogos dicen que el encierro está comenzando a desencadenar problemas más profundos, que incluyen depresión y trastornos compulsivos, que pueden ser aún más difíciles para las personas con afecciones de salud mental preexistentes. Los llamados a una mayor higiene pueden acentuar los trastornos obsesivo-compulsivos, alguien que sufre de depresión podría empeorar aún más en ausencia de rutinas, y un alcohólico podría volver a beber sin reuniones de grupos de apoyo físico, advierten los psiquiatras.
Se debe mencinar tambien que todo el mundo experimenta estrés y ansiedad de manera cotidiana, es normal. Y esque incluso las rutinas diarias provocan cualquiera de los dos episodios. Por ejemplo, el hecho de despertar por la mañana y acudir al trabajo genera estrés, y es proceso que nos permite adaptarnos a las demandas del entorno. Si a eso le sumamos el miedo a llegar tarde a nuestras actividades, el estrés se convierte en ansiedad, que es una respuesta emocional de no querer que suceda.
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